Corazones Rotos | Cabrón con C mayúscula

Los corazones rotos son algo muy común. El algún punto de nuestra vida nos rompieron el propio, o le dimos con el bat de la desgracia a uno ajeno, uno que tuvo el tino de compartir el momento para formar una historia.

Por lo mismo, presto este espacio para que cualquier voluntario o anónimo comparta la historia de un corazón roto. Queda abierta la convocatoria de formo indefinida para que compartan al correo letraluz.celeste@gmail.com su historia, que no rebase las 500 palabras, a espacio sencillo, solo deben poner en el asunto “este es mi corazón roto”.


 

Cabrón con C mayúscula. Gabriela Enríquez (Ventana Variable).

 

Ana siempre había dicho que uno se rompe el corazón solo, por andar inventándose cosas en la cabeza, por andar jugando al vivo, pero ese martes lluvioso por la tarde en la oficina, teniendo como fondo la que fue “su canción”, necesitaba culpar a alguien para sentirse ligera, así que sólo pudo decir:

—Este Cabrón me volvió a romper el corazón.

No podía evitar usar esa palabra con C que tanto odiaba para referirse a él, pero como Jane Austen escribió, “cuando uno experimenta la pasión tan pura y elevada del amor (y no es correspondido), detesta escuchar el nombre del ser amado, y le desea todo lo malo del mundo”, y ella a ese Cabrón (con mayúscula, porque desde que la dejó, ese se había convertido en su nombre, y los nombres propios se escriben con mayúscula), a pesar de todo, lo seguía amando, y a cómo iban las cosas, lo seguiría amando por un buen rato, por lo tanto no quería escuchar de nuevo su nombre cochino, y desearle un bien ya no estaba en sus plegarias nocturnas.

—¿Qué traes, loca? —Preguntó Esther mientras la veía servirse café después de dos meses de abstinencia.

—Ya volví a mi vicio, y él volvió a dejarme.

—Lo lamento.

—El karma es canijo, y la verdad es que ya me tenía varias guardadas.

Sabía que no había sido una santa, por él se había jugado todo, se había dejado llevar por sus palabras y la forma tan hermosa en la que pronunciaba su segundo nombre, y nunca se detuvo a pensar si lastimaba a alguien.

—¿Te arrepientes?  

—No, por nada, yo ya sabía cómo iba a terminar esto, pero se me hizo chulo el Cabrón, y su excelente ortografía lo terminó por volver perfecto.

Tenían un par de años juntos, casi dos pares, pero nunca lograron revolverse, desafortunadamente para ella, porque lo había amado desde la primera vez que la había llamado “Isa”; afortunadamente para él, porque podría ser muy reservado cuando de sentimientos se trataba, pero no creía en las casualidades, y aunque su personalidad racional lo negara, ella era el amor de su vida, así que todo indicaba que si se dejaba llevar, él sería el que amaría más, y eso nunca ha sido fácil para nadie.

—¿Qué vas a hacer?

—Lo de siempre, seguir adelante. Yo me rompí el corazón solita, y de esa misma forma debo arreglarlo. —dijo Ana, volviendo a su escritorio a seguir trabajando mientras cantaba “El día que volviste a la tierra”.-

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