Corazones rotos | Cuando Sara descubrió que el amor dolía

Siempre he pensado que la escritura es una forma genuina de expresión, también se puede aplicar cuando se quieren expurgar los demonios que trae uno encerrados en el alma.

A partir de hoy, una vez por semana compartiré un relato -breve, largo- sobre un corazón roto, tal vez mío, tal vez ajeno, tal vez la historia de algún corazón roto que existió en la historia.

Los corazones rotos son algo muy común. El algún punto de nuestra vida nos rompieron el propio, o le dimos con el bat de la desgracia a uno ajeno, uno que tuvo el tino de compartir el momento para formar una historia.

Por lo mismo, presto este espacio para que cualquier voluntario o anónimo comparta la historia de un corazón roto.
Queda abierta la convocatoria de formo indefinida para que compartan al correo letraluz.celeste@gmail.com su historia, que no rebase las 500 palabras, a espacio sencillo, solo deben poner en el asunto “este es mi corazón roto”.

 


 

Cuando Sara descubrió que el amor dolía. Celeste Romero.

 

Lo peor que le puede pasar a una adolescente a los 15 años, es que las canciones de desamor que escucha en la radio se vuelvan reales.

“Me duele hasta la piel”, repetía Sara, cada que se acordaba que Tomás le había pedido a otra compañera del salón que fuera su pareja para el baile de graduación.

El San Valentín pasado le había pedido que fuera su novia, llevaban tres semanas besándose detrás de los salones de primer grado y después de clases siempre caminan de la mano, pero Tomás prefería bailar el vals con otra.

“¿Y qué tiene de malo?”, le había contestado el muchacho cuando lo confrontó.

El corazón adolescente de Sara se partió en dos y con las hormonas en la mano terminó la breve historia de amor que había surgido.

Al llegar a casa, todavía con las lágrimas contenidas, se encerró en su habitación y puso videos de canciones tristes en Youtube.

“Me duele hasta la piel”, insistió, recostada en la alfombra polvorienta que se extendía por todo el espacio, mientras trataba de no aspirar mucho por si una pelusa se colaba por su garganta.

Soltó el llanto, sin entender por completo porque le causaba tanta tristeza que Tomás no quisiera bailar el vals con ella, y que le importará poco que ya no fueran novios.

“Tienes 15 años, ya era hora que te enterarás que el amor duele así”, le dijo su abuela, luego de verla dos días seguidos sumida en el drama, mientras se negaba a ingerir cualquier alimento que le pusieran enfrente.

Mientras revolvía con desgano la avena que la anciana le había servido, en el plato más colorido que encontró en la cocina, comprendió que esa era la razón de su tristeza, que emergía de la frase más sincera que le había dedicado un adulto: “el amor duele”.
A partir de entonces, Sara estuvo consciente que si se enamoraba le iba a doler en algún momento, con aquella vez que Tomás le rompió el corazón al no querer bailar con ella el vals de fin de cursos.

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