Personal | Las batallas de México (parte 1)

 

manifestacion
Foto: Gabriela Martínez Cordova. Playas de Rosarito, enero 2017.

 

Recuerdo con cierto cariño cuando mi abuela materna, Ascensión, me soltaba un “estás loca” cada que decía que quería ser corresponsal de guerra, sobre todo al ver las transmisiones en vivo en la televisión, desde Medio Oriente.

Sentía admiración por aquellos comunicadores, que en medio del intercambio de bombas, le relataban al mundo lo que estaba sucediendo. Para doña Ascensión era la locura emergiendo de la cabeza de su nieta, imposible que una niña a sus 11 años quisiera irse a ver la guerra para salir en televisión.

Agradezco al Infinito, en cierta parte, porque no alcanzó a ver la materialización de este deseo. La podría imaginar refunfuñando y soltando a diestra y siniestra esa frase “estás loca” cada que supiera de una manifestación, balacera o cualquier otro hecho violento que como reportera pudiera cubrir.

Soy reportera desde hace un año y medio, desde entonces no me canso de afirmar que estoy en el trabajo de mi vida, al dedicarme al algo que he querido hacer desde que era adolescente.

Hace unos meses caí en cuenta que a pesar de que no vivimos en un conflicto bélico como los que mantienen los países de Medio Oriente, internamente en México día a día se libran pequeñas batallas.

Ayer sucedió, muy cerquita de aquí, unos kilómetros al sur de Tijuana -donde resido- cuando compañeros y colegas cubrían una manifestación y sufrieron agresiones tanto físicas como verbales por parte de elementos de seguridad pública -municipal, estatal y federal-.

El hecho: un grupo de manifestantes mantenían un bloqueo en la salida de las pipas que surten gasolina desde hace una semana, en rechazo al alza en los precios del combustible. La noticia era el intento de desalojo por parte las autoridades, ya que tres municipios se estaban quedando sin gasolina.

Fue una pequeña batalla. Los policías no escatimaban en agresiones, a ellos les daba igual si era un ciudadano o un comunicador el que estaba al filo de su puño. Esto se estaba replicando en casi todo el territorio mexicano.

Batalla que solo me tocó atestiguar desde lejos y a través de los videos y las fotografías, que los mismos protagonistas dejaron en sus redes sociales como registro del acontecimiento. Al terminar el recorrido visual, me quedó una mezcla de enojo-miedo-tristeza en el corazón por unas horas. Algunos dicen que es una sensación permanente cuando te dedicas a las “noticias”.

Cursimente quiero decirle a doña Ascensión que no se preocupe, que no es la única que piensa que perdí la cordura. Tal vez su hija lo cree desde hace un año y medio, al igual que algunos amigos y conocidos, quienes amablemente me piden que dé señales de vida cuando se enteran que algo “malo” pasó.

 

Notas que publicaron en FRONTERA: NOTA 1 | NOTA 2 | NOTA 3

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