Punto 8 | Yo, coleccionista de libros

Hoy en México se celebró el natalicio de Sor Juana Inés de la Cruz, mexicana, poetisa, escritora y un símbolo importante dentro de la literatura de mi país.

A razón de esto se estableció el Día Nacional del Libro y se publica anualmente, desde hace 36 años, una edición especial de alguna obra de escritor/a mexicano/a reconocido/a, y en palabras de Karla Robles gerente de Literatura del Cecut, son obras de gran calidad.

El ejemplar de este año es El fin de la esperanza de Rafael Bernal, el cual obsequian en librerías y centros culturales. En algunos establecimientos comerciales condicionan su entrega a una compra mínima, en el caso de la cadena de librerías Gandhi es de 100 pesos.

Así que desde el lunes, que por azahares del destino recordé la fecha, comencé a planear que ejemplar compraría para poder adquirir el de regalo.

Para estar acorde a la intención de la fecha, debía ser autor mexicano. Pacheco y Poniatowska eran los blancos ideales, aunque podría elegir a Fuentes (no he leído nada de él) o a mi querido Ibargüengoitia.

Ninguno de los cuatro cupo en mi presupuesto de jueves-ya-casi-me-pagan.

Después de dar vueltas y barrer de arriba a abajo la sección de literatura latino-ibero-mexicana, encontré un bonito y accesible titulo de Élmer Mendoza.

El libro se llama Cóbraselo caro, promete ser una nueva obra contemporánea del surrealismo al estilo Rulfo (otro que no he leído).

Los ejemplares que se suman a mi biblioteca. Y el pumpkin latte que tanto amo. Cosas del otoño y de vivir en frontera (creo).

 

Hablando de Rulfo, en mis vueltas desesperadas por la librería encontré la edición de aniversario de Pedro Páramo. Me emocioné. La quiero. Luego recordé las ediciones especiales de Las batallas en el desierto y Los recuerdos del Porvenir. Las quiero todas.

Este sentimiento de “necesito este libro en mi vida” me hizo pensar en algo, que muchos podrían catalogar como un severo problema, pero que yo lo descubro como una oportunidad de satisfacción.

La gran verdad. Yo colecciono libros.

Así, tal cual. Colecciono ejemplares. Descubro y acepto la afición, al notar esa emoción al adquirir un nuevo ejemplar sin preocuparme en ponerle fecha de lectura. Los leo, en algún momento, y aunque al principio me apuraba por leerlos todos para seguir comprando, luego venía esa paz al verlos custodiando mi vida en un lugar físico muy cercano.

Los valoro de distintas formas. Ediciones de aniversario, libros más antiguos que yo, letras de autores predilectos (tipo Cortázar-mi-amor), “usados”, nuevos, con significado sentimental, recordatorios, etc., etc.

Los voy resguardando junto a mí y los leo poco a poco. Tengo tantas historias en espera, que solo quiero tener vida suficiente para conocerlas todas. Tranquilidad y angustia.

 

 

 

 

 

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