Punto 2 | De Monsiváis y la vida nocturna en Tijuana

 

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Foto Nobody told me

Leo a Carlos Monsiváis bajo la promesa de que era un gran escritor. “Días de guardar” es el primer libro y en la página 78 encuentro una crónica sobre la Zona Rosa de la Ciudad de México. Era el año de 1967 y la citada zona experimentaba un auge cultural.

En Tijuana existe una zona rosa o de tolerancia. No es propiamente un hervidero cultural pero si funge como sitio de enajenación para intelectuales. Existen algunos bares que se han creado fama de paraíso para quienes prefieren los cigarrillos orgánicos. Descubrí uno de esos por 2009, cuando acompañaba a la Futura Actriz de teatro y la Pseudo Periodista en sus paseos nocturnos. Por esas fechas yo era la Fotógrafa Emergente y estaba en mi etapa de descubriendo-la-vida-nocturna, tenía 19 años y me emborrachaba con dos vacitos de cerveza.

 

Por unos meses estuvo bien, hasta que un día a la fotógrafa emergente se le ocurrió proponer un cambio de aires y una excursión calles adelante, donde la vida nocturna era más tranquila y sin tanto humo. La fotógrafa fue acusada de “fresa” por la periodista, la actriz sólo se rió.

Después apareció el Músico y la Fotógrafa aprovechó  para abandonar los paseos nocturnos por un tiempo, primero por la sospecha de que la poca cerveza que ingería le estaba causando dos tallas más en el pantalón.

Por 2011, gracias a que el Músico atravesaba por su etapa underground, la Fotógrafa conoció lo que es un “tabledance”. Bar con pista, en medio de la pista un tubo largo, sobre el tubo una mujer en tanga dando vueltas y paseando sus senos al aire. Recuerdo que ante la escena sólo sonreía tímidamente y hacia un esfuerzo por ser una persona de mente abierta. Se repitió un par de veces, ya que la banda del Músico participaba en un concurso que organizaba el lugar. No ganaron.

Ahora recuerdo que antes disfrutaba realmente caminar de noche por las calles del centro. También tenía mi lugar favorito donde me gustaba pasar el rato, antes de continuar el ritual de los fines de semana. El bar se llama “El Turístico”, el Turis para los compas. Cerveza a buen precio, limones gratis desde el primer trago y si gustas, puedes ir a comprar papas fritas a la tienda de la esquina. Algunas noches la gata del lugar hacia su aparición y se dejaba acariciar o a lo mucho tomar fotografías. Algunos futuros escritores de la región lo han adoptado como el lugar ideal para sus reuniones.

Es un lugar tranquilo donde puedes platicar, realizar observación de los personajes que se apropian de la barra y disfrutar de un variado playlist, donde todos en el lugar ponen su granito de arena y sus pesetas.

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